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domingo, 23 de febrero de 2014

Revolución y generación

Históricamente, las revoluciones políticas han venido a partir de la necesidad de un sector o varios de una población de progresar en su trabajo, en sus vidas, en su bienestar.

Partiendo de esta premisa, parece bastante claro que siempre las revoluciones se hayan creado en las capas más bajas de la sociedad: los campesinos, los primeros trabajadores de la industria en el siglo XIX, los jóvenes pidiendo cambios políticos que se adecúen a las nuevas generaciones, etc.

Mi reflexión parte de este último caso: los jóvenes. Quizá un análisis frívolo del comportamiento de la juventud actual nos lleve a pensar que la falta de “movilismo” se debe a una actitud pasiva ante la vida política de nuestro país. Sin embargo, esto nada tiene que ver con la realidad.

sábado, 4 de enero de 2014

El voto a los 16

Desde el comienzo de la adolescencia, los chicos y las chicas comienzan a plantearse preguntas que nunca antes habían pensado: “¿qué es la religión?; ¿por qué la ciencia nos plantea la aparición del ser humano de una manera y las diferentes confesiones de otras?; etc.”. Asimismo, aparecen las típicas “contestaciones” a los adultos cuando algo no resulta razonable: ya no sirve la respuesta “porque sí/no” o “porque lo digo yo” que han recibido de los mayores cuando estos ya no sabían cómo explicar aquello que inquietaba a los más menudos. Comienzan las negociaciones: “-A las doce en casa.” – Indica una madre a su hija de 16 años, a lo que ésta responde: “-A las doce y media, por favor, mamá.”, dando lugar así a sus primeras responsabilidades acordadas.

jueves, 21 de marzo de 2013

MI GENERACIÓN (PERDIDA)

“Los jóvenes sois el futuro”. Esta reflexión es el sino de la lucha de las generaciones precedentes a la mía.

Los que ahora tenemos edades comprendidas, aproximadamente, entre los 20 y 30 años nos hemos criado en un ambiente de constante avance. Nuestros padres han trabajado y trabajan con mucho esfuerzo para construir nuestro futuro, para que tuviéramos una formación y una vida más fácil que la que tuvieron ellos a nuestras edades.

Hemos ido a la Universidad o formado en Formación Profesional, estamos en constante aprendizaje de nuevos cambios en nuestras profesiones; sin embargo, nuestro presente nada tiene que ver con lo que nuestros padres hubieran querido que fuese. La maldita crisis la estamos pagando todos, pero de forma muy grave, los jóvenes. La única culpa que tenemos nosotros es la de haber nacido en esos años y no en otros.