Desde el comienzo de la adolescencia, los chicos y
las chicas comienzan a plantearse preguntas que nunca antes habían pensado:
“¿qué es la religión?; ¿por qué la ciencia nos plantea la aparición del ser
humano de una manera y las diferentes confesiones de otras?; etc.”. Asimismo,
aparecen las típicas “contestaciones” a los adultos cuando algo no resulta
razonable: ya no sirve la respuesta “porque sí/no” o “porque lo digo yo” que
han recibido de los mayores cuando estos ya no sabían cómo explicar aquello que
inquietaba a los más menudos. Comienzan las negociaciones: “-A las doce en
casa.” – Indica una madre a su hija de 16 años, a lo que ésta responde: “-A las
doce y media, por favor, mamá.”, dando lugar así a sus primeras responsabilidades
acordadas.
