Desde el comienzo de la adolescencia, los chicos y
las chicas comienzan a plantearse preguntas que nunca antes habían pensado:
“¿qué es la religión?; ¿por qué la ciencia nos plantea la aparición del ser
humano de una manera y las diferentes confesiones de otras?; etc.”. Asimismo,
aparecen las típicas “contestaciones” a los adultos cuando algo no resulta
razonable: ya no sirve la respuesta “porque sí/no” o “porque lo digo yo” que
han recibido de los mayores cuando estos ya no sabían cómo explicar aquello que
inquietaba a los más menudos. Comienzan las negociaciones: “-A las doce en
casa.” – Indica una madre a su hija de 16 años, a lo que ésta responde: “-A las
doce y media, por favor, mamá.”, dando lugar así a sus primeras responsabilidades
acordadas.
Este es sólo un ejemplo banal del día a día de un
adolescente cualquiera cuando se trata de su tiempo de ocio, pero el fondo del
planteamiento se podría extrapolar a otros ámbitos que implican una mayor
responsabilidad en sus vidas, como podría ser todo lo relativo a sus estudios o
a decisiones médicas de las que dependa en gran parte su vida, o a su
implicación en las decisiones políticas de su entorno.
Dos decisiones de gran consideración son las de
contraer matrimonio o mantener relaciones sexuales consentidas, en lo que la
ley española ha elevado la edad para ello de los 14 a los 16 años, de manera
que, un joven no debe esperar a la mayoría de edad para ello porque se
considera alcanzada la madurez cognitiva y, por tanto, la capacidad de decidir
con quién compartir sus vidas.
Ocurre lo mismo con la edad para decidir si una
chica quiere interrumpir o no su embarazo, abortar: la actual ley promovida por
el anterior gobierno socialista, establece los 16 años como edad mínima para
tomar esta decisión por una misma, sin necesitar la aprobación de su padre,
madre o tutor. Y dentro de este mismo campo sanitario, de la misma o mayor
importancia en cuanto a la salud propia se refiere, una persona con 16 años
tiene el derecho a adoptar la decisión de si se somete al tratamiento de
quimioterapia contra el cáncer o no (algo que, a mi juicio, es una de las
providencias más importantes que haya de tomar el ser humano a lo largo de su
vida).
Por lo tanto y visto
todo lo expuesto, ¿no debería también ser legal ejercer el derecho al voto a
los 16 años? Cuando he planteado esto, algunas personas indican que los
chavales de esa edad lo harían sin responsabilidad, por lo que podría ser
contraproducente. Sin embargo, en esto como en la mayor parte de los problemas
sociales, la forma de evitarlo es muy simple: EDUCACIÓN. Si educamos a nuestros
jóvenes y a nuestra sociedad para que las personas puedan votar a los 16 años,
probablemente conseguiríamos una mayor implicación de los jóvenes en la
política y por ende, en las decisiones que marcan su presente y su futuro.

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