Históricamente, las revoluciones políticas han venido a
partir de la necesidad de un sector o varios de una población de progresar en
su trabajo, en sus vidas, en su bienestar.
Partiendo de esta premisa, parece bastante claro que siempre
las revoluciones se hayan creado en las capas más bajas de la sociedad: los
campesinos, los primeros trabajadores de la industria en el siglo XIX, los
jóvenes pidiendo cambios políticos que se adecúen a las nuevas generaciones,
etc.
Mi reflexión parte de este último caso: los jóvenes. Quizá
un análisis frívolo del comportamiento de la juventud actual nos lleve a pensar
que la falta de “movilismo” se debe a una actitud pasiva ante la vida política
de nuestro país. Sin embargo, esto nada tiene que ver con la realidad.
