“Los jóvenes sois el futuro”. Esta reflexión es el sino de la lucha de
las generaciones precedentes a la mía.
Los que ahora tenemos edades comprendidas, aproximadamente, entre los
20 y 30 años nos hemos criado en un ambiente de constante avance. Nuestros
padres han trabajado y trabajan con mucho esfuerzo para construir nuestro
futuro, para que tuviéramos una formación y una vida más fácil que la que
tuvieron ellos a nuestras edades.
Hemos ido a la Universidad o formado en Formación Profesional, estamos
en constante aprendizaje de nuevos cambios en nuestras profesiones; sin
embargo, nuestro presente nada tiene que ver con lo que nuestros padres
hubieran querido que fuese. La maldita crisis la estamos pagando todos, pero de
forma muy grave, los jóvenes. La única culpa que tenemos nosotros es la de
haber nacido en esos años y no en otros.
La frustración y la impotencia nos invaden cuando vemos pasar los
días, los meses, los años y no recibimos recompensa alguna por nuestro trabajo
y el de nuestras familias. Unos toman la opción, resignados, de irse de este
país para desarrollar su profesión y sus vidas en otros lugares lejos de sus
familias y amigos.
Yo no me resigno a dar mi generación por perdida. Como parte de ella,
canalizo mi frustración haciéndome partícipe de la vida política de mi pueblo,
de mi región y de mi país. Creo firmemente que la política no es aquello que
estamos, por desgracia, acostumbrados a ver, sino un instrumento para conseguir
lo que, por derecho, nos corresponde.
No me resigno a quedarme de brazos cruzados y esperar a que a alguien
se le ocurra una maravillosa idea que dé respuesta a la gran lacra de este
país: el desempleo juvenil. Me siento en la obligación de patalear, de
protestar, pero, sobre todo, de trabajar para tener un presente y un futuro
como nos merecemos.
Levantémonos, luchemos. Tenemos y debemos tener ilusión. Limpiemos
este país de corruptos, de intereses personales, de aquellos mal llamados
políticos que no hacen sino agravar esta situación. Seamos utópicos y no
perdamos la esperanza.

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