Nunca vemos el momento de leer ese libro del que tanto se habla, aquél cuyo tema tanto nos interesa, o simplemente, una historia que nos llena de bienestar al ser leída.
Hoy es el día para empezar a hacerlo.
Siempre que he visto este libro, he pensado: "este es el próximo que voy a leer". Luego llega el momento y no consigo recordar cuál era ese libro que me apetecía leer, hasta que lo vuelvo a ver en otra ocasión y vuelvo a pensar lo mismo.
Hoy me lo he tropezado. De hoy no pasa.
"Puntarrón", del ceheginero Salvador García Jiménez, es el libro del que hablo.
Ojeándolo un momento, me ha encantado un fragmento que comparto aquí y aprovecho para promocionar a un gran escritor y paisano, como es Salvador García Jiménez:
"El jueves por la tarde se lanzaron al río dispuestos a apagar en la "vaera" más profunda la desazón de sus almas. Les llenó de "mala leche" el Apocalipsis que había propagado entre copas de cazalla el molinero. Dentro de poco se veían encajonados, con amigos paliduchos que no sabrían jugar a nada, por esas tierras de Dios o, con fortuna, en una de las casas baratas de Cehegín que lograron sacudirse el polvo del Puntarrón, muertos de hambre, a pique de romperse en mil sentimientos frente a los palacetes y torres de las familias nobles, recordando cómo sus padres y abuelos alpargateros, encorvados, con pinchazos de lezna sobre sus bancos, se dejaban la piel a tiras escupiendo al cielo con sus "votos". Por ello, se movían desconcertados los cuatro amigos en la tarde apacible, con la sangre plagada de rabos de lagartija."
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