Más de cinco años han pasado ya desde el inicio de
una supuesta crisis que no ha hecho más que empobrecer la vida de las clases
medias y bajas en pro de las élites que ahora son más ricas que entonces.
Los jóvenes que por ese tiempo terminábamos nuestros
estudios nos vimos en una situación totalmente desconocida, que nada tenía que
ver con lo que acostumbrábamos a ver: las promesas de “el que estudia sale
colocado” se disolvían ante nuestros ojos con la impotencia y el desasosiego de
no saber hacia dónde íbamos, por cuánto tiempo, ni a qué otros medios podíamos
recurrir.
Con edades tan tempranas, nos hemos ido conformando
con nuestra penosa situación por entender que había otras personas (matrimonios
jóvenes con hijos pequeños, personas mayores de 55 años, etc.) que se
encontraban en una peor realidad porque sus oportunidades se limitaban mucho
más que las nuestras, además tenían personas a su cargo que mantener e
hipotecas que pagar con el riesgo de que los echaran de sus casas.



