viernes, 13 de septiembre de 2013

La educación y la lucha de clases

Tras unos últimos días de agosto lluviosos, llega septiembre y con él, los que medimos el tiempo en cursos escolares, volvemos a pensar en qué proyectos queremos llevar a cabo a lo largo del año.
En los más pequeños se despierta la ilusión por un nuevo curso en el colegio. ¡Ya son un año más mayores! Tienen ganas de ver a sus compañeros. Les entusiasma el pensar en estrenar lápices y cuadernos.

Los adolescentes se aferran a los últimos vestigios del verano y comienzan a añorar la cantidad de tiempo libre del que han disfrutado, casi sin obligaciones, con sus amigos en esta época. Ahora toca enfrentarse de nuevo al instituto y lo harán, pero no con el entusiasmo de la infancia.

Universitarios, maestros, profesores, padres y madres y todos los adultos que pertenecen de una u otra forma a la comunidad educativa, se debaten entre la ilusión propia de los nuevos retos y las grandes dificultades para realizarlos:


Los universitarios hacen números y números para hacer sus matrículas (los que tienen el privilegio de poder hacerla) mientras revisan los requisitos para obtener una beca para sus estudios: “No tengo derecho a beca”.- Comenta un joven murciano cualquiera que ha sacado en selectividad un 5,4. “Pues lo siento, hijo, pero este año no vamos a poder pagar la matrícula”.- Contestan sus padres tras tragar saliva y contener las lágrimas de impotencia.

Maestros y profesores comentan entre ellos cómo han ido las vacaciones y añaden esas nuevas actividades y materiales en los que han estado pensando durante la temporada estival. “Este año tenemos 200 alumnos menos”.- Advierte una profesora universitaria a su compañero de departamento. “Hasta Fulanito de tal, cuya nota media es de un 9, ha tenido que abandonar este año”.- Prosigue la doctora.

A todo esto, madres y padres de personas, ya sean más o menos menudas, se frustran ante los baches que les han puesto en el camino que impiden hacer que sus hijos disfruten de su educación, ya sea obligatoria, o aquello que siempre han querido hacer.

Así es la realidad más triste y patética que encontramos en cualquier punto de nuestra región (por no mencionar el resto del país): recortes en profesorado, recortes en becas, libros de texto con precios desorbitados, subida de las matrículas universitarias, imposición de pago de matrícula en Formación Profesional, menos becas de comedor y transporte… Y un largo etcétera que ha convertido la educación en un lujo y no en un derecho, como recoge nuestra Carta Magna.

Estamos hartos de escuchar la tan recurrida excusa de la crisis económica, la necesidad de recortar los gastos; sin embargo, la derecha retrógrada que nos gobierna sabe perfectamente que no nos tragamos ya este bulo, que somos conscientes cada vez más de que esto es una estafa financiera que estamos pagando los que menos tenemos. Tienen claro que los recortes en educación son contraproducentes, sin embargo, no les importa en absoluto.

La reflexión ante esta situación es bastante clara: para los de las “altas esferas” siguen existiendo las clases sociales y no podían permitir que pudiéramos, si quiera, aspirar a ser lo que queremos ser, a progresar. ¿En qué cabeza cabe que una persona que no ha nacido en “buena familia” tenga la misma o mejor educación que los que sí lo han hecho?; ¿cómo van a tener las mismas oportunidades? Estrategia para que unos pocos controlen a la mayoría. Lucha de clases como las del siglo XIX.

1 comentario:

  1. Me gusta tu reflexión. La situación, como bien dices, puede parecer similar a la antigua lucha de clases y al intento de superación de aquel viejo orden social basado en los privilegios de clase. Sin embargo, en este momento de la historia tras los recientes intentos de construir el Estado de Derecho (con mayor o menor fortuna) opino que todos los que pertenecemos, por cuna, a la clase obrera, baja, no privilegiada o, simplemente ciudadana, como a mi me gusta decir, seamos iguales diga lo que diga la Constitución. Hay personas pobres a quienes, por raro que nos pueda parecer, les gusta el Viejo Orden y les encanta sentirse al abrigo del paternalismo simpaticón y populista del señorío y a mi me parecería hasta bien siempre que no tenga que compartir con ellos, en igualdad de condiciones, los derechos ciudadanos que tanto han costado y cuestan conseguir. Por mi que se queden al amparo del sol que más les calienta que yo, por convicción y porque me sale de los genes, seguiré intentando comportarme como ciudadana de un Estado donde se respeten y cumplan los derechos y las obligaciones que conllevan.

    Aunque sea una quimera, me gustaría que esos derechos pudiesen permanecer solo en el haber de quienes han peleado por ellos, se han jugado hasta la piel y saben valorarlos. Me sale del alma decir esto, pese a que suene insolidario, porque estoy muy cabreada con los desclasados de mi rango que han dado un poder absoluto a esos representantes del capitalismo que están desmontado el estado de bienestar en España.

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