Tras unos últimos días de agosto
lluviosos, llega septiembre y con él, los que medimos el tiempo en cursos
escolares, volvemos a pensar en qué proyectos queremos llevar a cabo a lo largo
del año.
En los más pequeños se despierta
la ilusión por un nuevo curso en el colegio. ¡Ya son un año más mayores! Tienen
ganas de ver a sus compañeros. Les entusiasma el pensar en estrenar lápices y
cuadernos.
Los adolescentes se aferran a los
últimos vestigios del verano y comienzan a añorar la cantidad de tiempo libre
del que han disfrutado, casi sin obligaciones, con sus amigos en esta época.
Ahora toca enfrentarse de nuevo al instituto y lo harán, pero no con el
entusiasmo de la infancia.
Universitarios, maestros,
profesores, padres y madres y todos los adultos que pertenecen de una u otra
forma a la comunidad educativa, se debaten entre la ilusión propia de los
nuevos retos y las grandes dificultades para realizarlos:


